viernes, 12 de diciembre de 2014

Algo más que palabras

Historias de necedad para un tiempo de esperanza

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

Me duele la vida por sus crueles historias de necedad. Se utiliza al ser humano como divertimento, se aniquila su libertad, se pisotean sus derechos más básicos, como si viviéramos en una selva, donde nadie reflexiona, ni nadie se preocupa de los más desvalidos. Realmente somos esclavos de nuestras propias miserias. Todavía hoy millones de personas, de todas las edades y naciones, se someten a la pertenencia de poderes avaros, que los utiliza como mercancía. Pienso en tantos emigrantes a los que se les niega todo, hasta ser detenidos sin miramiento alguno y, en bastantes ocasiones, en condiciones inhumanas.  Olvidamos que cualquiera de nosotros puede ser un migrante. No desdibujemos situaciones que son de auténtico calvario.  La mayoría de los mortales que han tomado la decisión de huir, lo hacen por extrema necesidad, para escapar de los conflictos o de la persecución. Lo único que buscan desesperadamente es un lugar donde vivir en paz. También recapacito sobre la riada de personas obligadas a ejercer la prostitución, a ser esclavas sexuales, sin tener derecho alguno, a dar o no su consentimiento. Medito, finalmente, pensando en esa otra multitud de gente, a  la que se adoctrina para aceptar la esclavitud de la sumisión, siéndolo de sí mismo. Por no citar a esa otra muchedumbre, dispuesta a hacer cualquier cosa con el insólito fin de enriquecerse la persona sola o sus íntimos colegas.

Realmente, la necedad nos viene triturando el alma, con la correspondiente confusión mundana. Es cierto, no pasamos de ser meros parlanchines empeñados en las simplezas de nuestros absurdos diarios de vida. Se han trastocado los valores humanos, y el camuflaje de mentiras que nos acosa, acaba por dejarnos sin argumentos. El resultado es de una fortaleza sanguinaria que nos deja sin palabras. Pero como somos tan necios como torpes, seguimos dejándonos reclutar por dominadores de nada, eso sí, endiosados a más no poder. La comunidad internacional debería multiplicar los llamamientos hacia el sentido humano del planeta. Con urgencia hay que poner fin a estos trágicos aconteceres, donde el hombre mata a su misma especie con la misma indiferencia que una piedra. Nos hemos dejado robar el corazón con leyes injustas, centradas en los poderosos, y no en la persona a la que la misma sociedad no le deja ni levantar cabeza. Sin duda, para derrotar este espíritu de permanente esclavitud, se precisa cambiar el modo de ver al prójimo y cambiar la manera de vivir.  Hay que volverla próxima a todos, sin exclusiones. Tenemos que recuperar, pues, las rosas existenciales,  o lo que es lo mismo, renacer de estas cenizas que todo lo contaminan de deshumanización, favoreciendo el desarrollo de los pueblos sobre la fuerza de la consideración hacia todo ser humano. Se impone, en consecuencia, el combate espiritual contra todos estos desajustes y desórdenes humanos.

Nuestro compromiso, por consiguiente, tiene que ir más allá de las palabras y de las acciones, ha de ser tomado como una actitud de buscar efectivamente el bien colectivo. Esto implica valorar a todo ser humano, con su forma de ser, injertado en su cultura, con la libertad precisa y más allá de las apariencias. Los moradores tienen que aprender a amarse por el camino de la liberación. Únicamente, desde este auténtico hábitat de donación es posible comprender actuaciones, compartir vivencias, sentir la comprensión, y la opción preferencial por cada ciudadano habite donde habite. En efecto, es necesario también hacer una mención a la compasión como actitud benevolente, de mano tendida que, en absoluto, ha de ser un ejercicio de poder, ni una demostración de generosidad, sino una búsqueda en el camino del encuentro. Solo un proceder de sensatez y gratuidad hará posible la cooperación entre unos y otros. De lo contrario, continuaremos practicando un sometimiento ilógico e irracional. En cualquier caso, no esperemos a mañana; cojamos desde hoy la senda del intelecto, obviemos la necedad, y pongámonos todos en disposición de caminar, con el auxilio como compañía; que, por otra parte, es la única manera de contribuir al crecimiento en humanidad de nuestro mundo. La esperanza, ya saben, es lo último que se pierde. Somos así de esperanzados por naturaleza.

Distribuye diputado 15 mil cobertores con el programa “cobijando a Neza”

  • Durante el presente año entregó  más de 100 mil despensas a familias de escasos recursos.
  • Gestionó 800 operaciones quirúrgicas de cataratas y 18 jornadas médico-asistenciales.



Nezahualcóyotl, Méx.- “Cobijando a Neza” es el programa que puso en marcha el diputado Jesús Ricardo Enríquez Fuentes, representante del distrito XXIV de Nezahualcóyotl, con el que habrá de beneficiar a más de 15 mil adultos, gestión que realiza año con año en beneficio de personas de escasos recursos.

Durante la primera entrega de 5 mil cobertores, el legislador Ricardo Enríquez dejó en claro que como cada año están destinados a la población más vulnerable. “Es una satisfacción ayudar a mis paisanos que me dieron la oportunidad de servirles, por eso siempre estoy en constante comunicación con ellos atendiendo sus demandas y gestionando programas alimenticios, de salud y educación”, refirió el representante popular.
Previo a la entrega, el diputado organizó una preposada donde convivió con los más de 5 mil asistentes y donde también otorgó aparatos auditivos, bastones, sillas de ruedas, glucómetros y  paquetes para aseo personal. Ahí, precisó que los políticos deben de recuperar la confianza con trabajo arduo y eficaz, con honestidad y probidad, siempre cercanos  a la gente.

Enríquez Fuentes precisó que, con el apoyo del gobierno federal, se logró operar de cataratas  a más  de 800 vecinos de Nezahualcóyotl, “eso representa devolverles prácticamente la vida a personas que tenían mermada su existencia, porque ya no salían y hoy desarrollan sus actividades de manera normal”.

Ante amas de casa y adultos mayores, el diputado del Grupo Parlamentario del PRI puntualizó que durante el año que termina, con el apoyo de la Secretaría de Salud del estado, promovió 18 jornadas médico-asistenciales para detectar y atender casos de diabetes, hipertensión arterial, VIH, exámenes de papanicolaou, cáncer de mama, estudios de ultrasonido pélvico y  pruebas rápidas de embarazo.

Recordó que durante este año también proporcionó 100 mil despensas a igual número de familias, entregó tres mil glucómetros, mil 500 sillas de ruedas, 800 aparatos auditivos, además de andaderas y bastones, todo gracias al apoyo del gobernador, Eruviel Ávila Villegas y a la gran sensibilidad del diputado Aarón Urbina Bedolla, presidente de la Junta de Coordinación Política de la LVIII Legislatura mexiquense, quien ha pedido a todos los diputados trabajar, con y para la gente que les brindó su voto y confianza, siempre con humildad, sencillez y respeto.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Periódico Digital "Liberal Mexiquense". DICIEMBRE 2014

Columna

Algo más que palabras

HOY NO HAY MÁS UNIONES QUE LAS QUE FORJAN LOS INTERESES

 Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

El individuo cada día está más preso por la intolerancia y por las cadenas. Esto es una realidad fácilmente observable. No hay más uniones que las que forjan los propios intereses de cada uno. Son muchas las personas condenadas de por vida a quedar al margen de la propia existencia, privándoles de lo más básico para poder vivir con dignidad. A pesar de que tenemos la obligación y el compromiso, no sólo de enviar mensajes de liberación, sino de ayudar a que nazca este auténtico espíritu de solidaridad,  lo que conllevaría a una sociedad floreciente y feliz muy distinta y distante a la actual, resulta que todo lo hemos corrompido hasta volverlo miserable. La propia base de nuestra sociedad está depravada por la falsedad. La mentira es el abecedario más común a la especie. Hay pobladores, y una legión de cómplices, cuya conducta es una ficción continua. Por consiguiente, deberíamos restaurar primero al ser humano desde su interior, sólo así puede brotar la auténtica naturaleza ciudadana de familia, hoy vilmente acaparada y manipulada por el descarado poder de  los sistemas ideológicos, financieros, e incluso, por los propios partidos políticos.  Para ello, no necesitamos más predicadores, sino gentes de coherencia profundamente vinculados a la apertura y a su compartida razón de vida, lejos de toda opresión y violencia.

Detesto toda sociedad avasalladora con el débil e indefenso, viciada con la proclamación verbal de la mediocridad, con los discursos vacíos, incapaz de despertar sueño alguno. Sabemos que son los Estados los que están obligados a proteger los derechos humanos y a prevenir las violaciones, pero también es la ciudadanía, con su liturgia de verbos conjugados en todos los lenguajes, la que ha de salir a tomar la plazas de la vida. Lo ha de hacer pacíficamente, pero con el coraje necesario, para anunciar que otro planeta, con otras estructuras más humanas, es posible. Naciones Unidas estima que veintiún millones de personas viven en la esclavitud.  Se merecen ser liberadas de este calvario. Podríamos ser cualquiera de nosotros. Por desgracia, habita en el planeta mucha discriminación y abusos de todo tipo. El poder sigue corrompiendo y los dirigentes continúan haciendo alianzas de intereses en lugar de sociedades con verdadera conciencia solidaria. Sería bueno, que coincidiendo con la festividad del día de los derechos humanos (diez de diciembre),  trabajásemos por revivir y reafirmar los derechos de todas las personas, materializando el concepto de universalidad e imparcialidad en relación con la justicia. Ciertamente, la humanidad tiene que cesar de lanzar piedras contra sí misma, y volverse una estirpe unida e indivisible, pero no por las haciendas, sino por el caudal de felicidad que aglutina. Y, evidentemente, este bienestar nace de una genuina unión armónica de unos para con otros.

Sin duda, tenemos que salir de esta bochornosa encrucijada de usuras que nos mueven. La humanidad no puede progresar así. El que hoy, en el mundo, no se conozcan más concordias que las que fraguan los intereses, me parece un retroceso humano en una cultura necia y aborregada. Así, bajo este horizonte de lucros, persiste una riada de despropósitos, de malestares e injusticias. Una sociedad caprichosa como la actual, fría con los que sufren, que oprime el alma de los menos pudientes, acabará hundida en su propia miseria. Cuando se degrada el ser humano como persona todo se confunde y hasta los mismos días son un envoltorio vacío que llenamos de penurias. Éste es el riego de ir a la deriva como especie. Hay que pensar en términos de bien colectivo, en relaciones de gratuidad, de compasión y de afinidad. ¿Qué soy yo, sino un forjador de vida?.  No hay manera de darle sentido, sino es donándose para vivirla en comunidad, con el deber de auxiliarnos mutuamente. No la convirtamos en una jungla de capitales. ¡No!, por favor.