miércoles, 1 de mayo de 2019

Presidente refrenda respeto a la autonomía sindical; “mano franca para dialogar”, ofrece



El presidente Andrés Manuel López Obrador refrendó su compromiso de respetar la autonomía sindical y aseguró que los trabajadores tendrán libertad; el gobierno, dijo, no tendrá dirigentes favoritos ni injerencia en sindicatos.

Durante un encuentro con líderes sindicales en Palacio Nacional reafirmó su disposición al diálogo desde la presidencia o la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Al mismo tiempo, sostuvo que es posible negociar con los factores de la producción y convocó a la clase trabajadora a transformar a México en unidad y sin confrontaciones.

Resaltó que el apoyo de los sectores obrero, empresarial, de todas las clases sociales y corrientes de pensamiento, es fundamental para realizar un cambio verdadero, desde abajo y por el camino de la concordia.

Aseveró que en la actual administración se prioriza el establecimiento de un auténtico Estado de Derecho, donde se respeta la ley, sin simulación y con estricto apego a la legalidad.

Recordó las reformas a la Constitución que se han impulsado en el contexto de la Cuarta Transformación como la aprobación de las reformas para convertir la corrupción y el fraude electoral en delitos graves; retirar el fuero y poder juzgar al presidente en funciones por corrupción; crear la Guardia Nacional y permitir al Ejército llevar a cabo labores de seguridad pública.

Reiteró su satisfacción por la aprobación de la reforma laboral, “una demanda de los trabajadores desde hace mucho tiempo que garantiza la democracia sindical”.

Explicó que con estas modificaciones a la ley, las Juntas de Conciliación y Arbitraje se convertirán en el Centro Federal de Conciliación y Registro, nuevo organismo del poder judicial encargado de ejercer la justicia laboral.
Sobre las reformas pendientes por aprobar, llamó a la unidad y poner por delante el interés general.

El jefe del Ejecutivo aseguró que el contexto actual es en el que se ha manifestado una mayor conciencia política por parte de la sociedad mexicana.

“Somos vanguardia en este aspecto a nivel mundial, por eso debemos tener confianza al pueblo bueno que tiene inteligencia y un instinto certero”, expresó.

El presidente también explicó que el Día Internacional del Trabajo es de protesta, de lucha y exhortó a que siempre haya actitud de oposición, que no se caiga nunca en la sumisión y que se actúe con absoluta libertad.
“Que mejoren las condiciones de vida y trabajo. Ubicar a nuestro país como una potencia con dimensión social, es la apuesta del progreso con justicia”, remarcó.

Destacó el incremento al salario mínimo y dijo que, aunque se tienen que mantener equilibrios, debe procurarse nunca más volver a la política salarial inhumana.

Afirmó que éste siempre debe estar, por lo menos, dos puntos por encima de la inflación para ir recuperar el poder adquisitivo “lo que se perdió en la noche oscura y de espanto del modelo neoliberal”.

Reiteró que en esta época “ya no nos dictan la agenda desde el extranjero. Nada de recetas, ni reformas estructurales. Tendremos nuestro propio plan de acuerdo con el país soberano que somos”.

Algo más que palabras


Retóricas repelentes

“La paz necesita de otros lenguajes más del corazón, emanados del naciente de la verdad”.

No me gustan esas gentes que imprimen a su paso un lenguaje incendiario destructivo. Por mucha retórica que se utilice, la falsedad nos destruye nuestra alentada existencia. No olvidemos que la evidencia siempre triunfa por sí misma. Por tanto, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. A mi juicio, hay que poner techo en algunas actitudes. Ya está bien de esparcir veneno hacia aquellas personas que piensan diferente a nosotros. Un respeto, por favor. Cuidado con el odio sembrado, tan de moda en esta época, por cierto extendido como la pólvora a través de las diversas redes sociales, pues este modo de proceder engañando, de confundirlo todo, lo que genera es un ambiente trágico de violencia y crueldad que nos acaba devorando como especie. En consecuencia, todos estamos llamados a promover otras miradas más auténticas, otras visiones más verídicas, también a pronunciar otros discursos menos vengativos, para poder defender aquellos valores que nos unen, y así también poder cimentar una sola familia humana que, como tal,  no tiemble de frío.

El vínculo que nos une no es tanto de sangre, sino de respeto y de consideración. No lo tenemos fácil. La cordialidad brilla tantas veces por su ausencia, que los calvarios se acrecientan porque las generaciones actuales  no se respetan ni así mismas. Como jamás, cultivamos retóricas verdaderamente repugnantes, que nos dejan sin palabras. Musulmanes asesinados a tiros en mezquitas, judíos baleados en sinagogas, cristianos disparados en oración, niños a los que se les extermina hasta su propia inocencia, mujeres a las que se les impide pensar en igualdad con los hombres, individuos a los que se les reprime manifestarse de forma pacífica, ciudadanos a los que se les coartan sus sueños de transformar la economía mundial y crear un mundo en el que las empresas puedan avanzar de forma sostenible satisfaciendo al tiempo las necesidades de los más vulnerables… Podríamos continuar enumerando nuevas realidades que nos abochornan y repelen. Ante estas situaciones no cabe otra que la unión y la unidad, lo que requiere de cada uno de nosotros salir de ese estado de confusión por el que a veces transitamos, queriendo o sin querer, pues la paz necesita de otros lenguajes más del corazón, emanados del naciente de la verdad.

Indudablemente, si queremos contribuir al cambio de comportamiento, no puede quedar nada impune,  lo que nos exige reconstruirnos bajo otros espacios más equitativos, mediante un clima de sinceridad que movilice nuestras propias energías hacia el encuentro con el prójimo, hasta hacerlo próximo a cada cual. En efecto, todos estamos llamados a ser comunidad, y en esto la fuerza de lo armónico, es primordial. Nunca habrá sosiego entre análogos si cultivamos la hipocresía como diálogo, y este conversar lo adoctrinamos a nuestro antojo. Pensemos que la certeza es única como únicos somos también nosotros, y que es verdaderamente lo que nos acerca. Quizás tengamos que regresar, una vez más, a ese aliento que nace del propio devenir de las cosas  para poder entendernos y, bajo esta potestad de familia pensante, poder decidir racionalmente entre tanta diversidad. Ahora bien, hay que estar alerta, con esa atmósfera de manipuladores que nos gobiernan a veces, pues su fuerza es realmente demoledora.

No hay ninguna religión, y cito al Papa Francisco que continuamente lo recuerda, ya sea el islamismo o el judaísmo, que promueva la violencia, así que quienes cometen esos crímenes, esos denominados líderes religiosos, son sencillamente falseadores, sociedades sin escrúpulos que han hecho de la simulación su propio árbol del edén. Esto se ha extendido tanto en las colectividades actuales, sobre todo en ciertos líderes políticos, que algunos seres humanos son tan dobles que ya no son conscientes de que piensan justamente lo contrario de lo que dicen. Ojalá nos despojemos de la malicia de la apariencia y hallemos otro pulso, más níveo, al menos el de la poesía, que será una buena manera de dejarse abrazar por lo genuino. Téngase en cuenta que todo ser humano está  influenciado por su propio ambiente, y que lo primordial es encontrarse con uno mismo a través de los cuidados y del amor de los demás. Al fin y al cabo, todos somos un pedazo de alguien metafóricamente y, asimismo, un trozo del universo. En consecuencia, en lugar de estas retóricas repelentes que, personalmente me agotan, prefiero la estética de la moral que al menos nos corrige y nos hace sentir bien.

                Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

Revista Digital "Ecos de los Estados". Abril 2019.

Cartón. Abusivos del Poder.