sábado, 7 de abril de 2018

Algo más que palabras


Ante las potencias del mal

Tenemos que desmontar las potencias del mal, como siempre aglutinadas en torno al ídolo del dinero, y hemos de hacerlo, antes de que éstas nos trituren el alma y nos impidan seguir caminando por la vida. Hay que oponerse a tantas injusticias repartidas, si en verdad queremos reponernos en el espíritu de la concordia. No perdamos más tiempo. Ante este ambiente tan convulso, las medidas de desarme y de control son más necesarias que nunca. Hay que aliviar tensiones para poder crear otro ambiente más armónico. Quizás debido a su gran alcance, popularidad sin parangón y los valores positivos sobre los que se sustenta, tal y como reconoce Naciones Unidas, el deporte sea un buen revulsivo de cambio, tanto a nivel individual como colectivo.  De igual modo, la práctica de cualquier arte, o la exploración científica, por si mismo nos embellece, a través del entusiasmo y del asombro, ante las energías de la mente y el corazón, en justa alianza con el propio universo que nos acompaña. 

Dejémonos reconducir, por tanto, hacia otros horizontes en el que podamos sentirnos humanidad. Será la manera de edificar un planeta fundado en los valores de la justicia, la libertad y la paz. En consecuencia, las condiciones económicas no lo son todo. Es bueno progresar, pero de otro modo. Reparemos las fuerzas, hagámoslo de manera más solidaria. Por desgracia, han crecido las situaciones inhumanas. Ya está bien de tanto mercado insensible. Nos hace falta el crecimiento del ser interior, tomar otra conciencia, otro rumbo, con mejores relaciones de convivencia y no de conveniencia. Fijemos nuestra mirada en dejarnos ver más allá de nuestro natural egoísmo, y así podremos transformarnos en gentes de bien, que es lo que el mundo hoy necesita. Abundan demasiados intereses que lo único que hacen es separarnos unos de otros y anteponer la maldad como abecedario destructivo. Deberíamos tener más presente que únicamente aquella voluntad libre, que se ampara en lo auténtico, buscando el bien de sus análogos, camina feliz hacia su verdadera realización. Jamás nos acostumbremos al mal que siempre será pésimo para todos.

Bien es verdad, que no todo está perdido. En los pasados veinte años, la Unión Europea por ejemplo, ha establecido algunos de los estándares más altos de asilo común en el mundo. Y, asimismo, en estos últimos dos años, la política migratoria europea ha avanzado a pasos agigantados con la Agenda Europea de Migración, propuesta por la Comisión Juncker, en mayo de 2015. Progresivamente, está surgiendo un enfoque más unido para abordar la migración. Pero todavía hay trabajo por hacer para construir una forma coherente y global de cosechar los beneficios y abordar los desafíos derivados de la migración a largo plazo. Junto a este camino recorrido de auxilio y donaciones, y a pesar de tantas crueldades sembradas, que tanto nos condicionan en ocasiones, la esperanza por un mundo más humanitario no puede desaprovecharse. Cualquier motivo puede ser saludable para instar a mover el bien de la colectividad.

En cualquier caso, hay que tener presente que las fibras del mal no se vencen ni convencen, con raciones de mayor perversidad, sino con la lógica interna de la fortaleza, puesto que no tiene otra gramática la vida que el fomento de actitudes desinteresadas y nobles. Cada cual, evidentemente, desde su camino ha de implicarse en armonizar sus lenguajes en favor del linaje en su conjunto.  En 2015, 2016 y 2017 las operaciones de la Unión Europea contribuyeron a: más de 520.000 vidas salvadas y a más de 2.100 presuntos traficantes y contrabandistas detenidos. Desmantelar las redes delictivas implicadas en el tráfico organizado de migrantes es un buen propósito. Universalicemos, entonces, la consideración hacia todos, respetándonos más y escuchándonos mejor.  Nadie se hizo perverso de la noche a la mañana. Tampoco lo dejemos todo en manos de la Comunidad Internacional, también cada ciudadano, está en la obligación de dejarse sintonizar por otras culturas  para poder hacer piña y levantar otro mundo más inspirador de los principios universales de la equidad y la unión. Desterremos, al fin, aquello de que el hombre es un lobo para el hombre, por aquello de que la bondad es la única inversión que jamás quiebra.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

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