Ante las potencias del mal
Tenemos que desmontar las potencias del mal, como siempre
aglutinadas en torno al ídolo del dinero, y hemos de hacerlo, antes de que
éstas nos trituren el alma y nos impidan seguir caminando por la vida. Hay que
oponerse a tantas injusticias repartidas, si en verdad queremos reponernos en
el espíritu de la concordia. No perdamos más tiempo. Ante este ambiente tan
convulso, las medidas de desarme y de control son más necesarias que nunca. Hay
que aliviar tensiones para poder crear otro ambiente más armónico. Quizás
debido a su gran alcance, popularidad sin parangón y los valores positivos
sobre los que se sustenta, tal y como reconoce Naciones Unidas, el deporte sea
un buen revulsivo de cambio, tanto a nivel individual como colectivo. De igual modo, la práctica de cualquier arte,
o la exploración científica, por si mismo nos embellece, a través del
entusiasmo y del asombro, ante las energías de la mente y el corazón, en justa
alianza con el propio universo que nos acompaña.
Dejémonos
reconducir, por tanto, hacia otros horizontes en el que podamos sentirnos
humanidad. Será la manera de edificar un planeta fundado en los valores de la
justicia, la libertad y la paz. En consecuencia, las condiciones económicas no
lo son todo. Es bueno progresar, pero de otro modo. Reparemos las fuerzas,
hagámoslo de manera más solidaria. Por desgracia, han crecido las situaciones
inhumanas. Ya está bien de tanto mercado insensible. Nos hace falta el
crecimiento del ser interior, tomar otra conciencia, otro rumbo, con mejores
relaciones de convivencia y no de conveniencia. Fijemos nuestra mirada en
dejarnos ver más allá de nuestro natural egoísmo, y así podremos transformarnos
en gentes de bien, que es lo que el mundo hoy necesita. Abundan demasiados
intereses que lo único que hacen es separarnos unos de otros y anteponer la
maldad como abecedario destructivo. Deberíamos tener más presente que
únicamente aquella voluntad libre, que se ampara en lo auténtico, buscando el
bien de sus análogos, camina feliz hacia su verdadera realización. Jamás nos
acostumbremos al mal que siempre será pésimo para todos.
Bien es verdad, que no todo está perdido. En los pasados
veinte años, la Unión Europea por ejemplo, ha establecido algunos de los
estándares más altos de asilo común en el mundo. Y, asimismo, en estos últimos
dos años, la política migratoria europea ha avanzado a pasos agigantados con la
Agenda Europea de Migración, propuesta por la Comisión Juncker, en mayo de
2015. Progresivamente, está surgiendo un enfoque más unido para abordar la
migración. Pero todavía hay trabajo por hacer para construir una forma
coherente y global de cosechar los beneficios y abordar los desafíos derivados
de la migración a largo plazo. Junto a este camino recorrido de auxilio y
donaciones, y a pesar de tantas crueldades sembradas, que tanto nos condicionan
en ocasiones, la esperanza por un mundo más humanitario no puede
desaprovecharse. Cualquier motivo puede ser saludable para instar a mover el
bien de la colectividad.
En cualquier caso, hay que tener presente que las fibras del
mal no se vencen ni convencen, con raciones de mayor perversidad, sino con la
lógica interna de la fortaleza, puesto que no tiene otra gramática la vida que
el fomento de actitudes desinteresadas y nobles. Cada cual, evidentemente,
desde su camino ha de implicarse en armonizar sus lenguajes en favor del linaje
en su conjunto. En 2015, 2016 y 2017 las
operaciones de la Unión Europea contribuyeron a: más de 520.000 vidas salvadas
y a más de 2.100 presuntos traficantes y contrabandistas detenidos. Desmantelar
las redes delictivas implicadas en el tráfico organizado de migrantes es un
buen propósito. Universalicemos, entonces, la consideración hacia todos,
respetándonos más y escuchándonos mejor.
Nadie se hizo perverso de la noche a la mañana. Tampoco lo dejemos todo
en manos de la Comunidad Internacional, también cada ciudadano, está en la
obligación de dejarse sintonizar por otras culturas para poder hacer piña y levantar otro mundo
más inspirador de los principios universales de la equidad y la unión.
Desterremos, al fin, aquello de que el hombre es un lobo para el hombre, por
aquello de que la bondad es la única inversión que jamás quiebra.
Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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